Una operación conjunta entre autoridades dominicanas y estadounidenses acaba de desencadenar un escándalo de proporciones épicas en las aguas del Caribe. En una maniobra digna de película, las fuerzas navales de República Dominicana incautaron una tonelada de cocaína tras el último ataque aéreo de Estados Unidos contra narcotraficantes en alta mar, una ofensiva que pone en jaque a los carteles que se creen intocables.
El decomiso tuvo lugar tras el hundimiento de una embarcación rápida detectada por aviones estadounidenses al sur de la Isla Beata, una zona estratégica que ha sido señalada repetidamente como corredor clave para el narcotráfico entre Sudamérica y Norteamérica. Los militares dominicanos se lanzaron al rescate del cargamento flotante, encontrando 998 paquetes de droga valorados en millones de dólares. Se trata de uno de los golpes más contundentes al crimen organizado en los últimos meses en la región.
Esta operación forma parte de un nuevo patrón de intervención directa de Estados Unidos en el Caribe, que ha decidido asumir un rol más agresivo frente a las redes criminales que utilizan las aguas internacionales como autopistas de cocaína. El Comando Sur de EE.UU. reveló que este ataque aéreo no fue casual: formaba parte de un plan sistemático para desmantelar rutas marítimas usadas por poderosos clanes de la droga.
La Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) dominicana confirmó que ya hay una investigación en marcha para identificar a los responsables del cargamento. Aunque aún no hay detenidos, se sospecha que organizaciones transnacionales de narcotráfico están detrás de este embarque, lo que eleva la tensión y la expectativa sobre nuevas operaciones de alto calibre en las próximas semanas.
